
Artículo escrito para el grupo de Facebook: "Retratos de Javilor y Rama" compartida en exclusiva con "Desde el Vamos"
Desde que salió la entrevista a Ribas en la Revista Bla, mucho se ha hablado del entrenador de Peñarol, casi todo, malo.
Nuestro querido/odiado Julito, tuvo un pasaje muy fugaz y más bien mediocre como jugador de fútbol – jugó en Nacional aunque no lo parezca – pero encontró en la dirección técnica su fuerte.
Arrancó como DT de la gloriosa IA Sudamérica, equipo que supo tenerlo como jugador en sus años mozos.
Todos pensaban que Don Julio iba a ser un Voltaire García más: el típico DT que llega a mitad de temporada, que más o menos tiene noción de volantes/defensas y los que meten goles, y que sirve para tapar el hueco dejado por el anterior técnico hasta el final de temporada. Pero Julio supo hacer lo que mejor sabe hacer: taparle la boca a los que hablan de más, y metió a Sudamérica en la Copa Conmebol en su edición 1995.
Nadie sabe como hizo. Algunos afirman –entre los que me incluyo- que a fuerza de motivación y puesta a punto física logró la hazaña más importante del club. Algunos, los más escépticos están hasta hoy pidiendo el control anti-dopping al plantel que disputó la Liguilla, y otros pocos prefieren no hablar del tema por miedo a que les caiga un güalicho o algo parecido proveniente de la secta secreta que tiene Julio y que lo hace realizar ese tipo de hazañas.
No se sabe porqué, pero lo que importa es que Ribas agarró a un cuadro inexistente – todo mi respeto hacia IASA – y lo metió en una Copa Internacional. Punto.
Recaló en Nacional de Paraguay y Bella Vista (ganó la Liguilla) antes de entrar en lo que sería su etapa más gloriosa hasta el día de la fecha: la primer era de Peñarol.
Sus inicios en el carbonero coincidieron con los míos en el fútbol así que las primeras memorias que tengo del Estadio es el olorcito a maní, la cancioncita de “Rulemaaaanes, PA PAM, Larrique Rulemaaaaaneees, con la gente que sabe, todo rueda mejor”, y una voz ronca gritando como si se le fuera la vida: “Segunda Pelotaaa”, “Cierre y cobertura”.
Toda la platea lo puteaba, y yo para no quedar afuera también, hasta que empezó un campeonato nuevo y Peñarol metía de a cuatro goles por partido – y a veces hasta de a seis -. Salimos campeones y alé cagué, nadie lo puteaba más.
Pero Ribas era mucho más que un DT para mi, tenía todo lo que tenía que tener un hombre de la casa aurinegra. Y me lo siguió demostrando partido a partido hasta que en el 2000 consideré tatuarme su cara en el pecho – a los nueve años – después de que en una tarde hizo lo que nadie pensaba posible: ganar un clásico, sacar a Peñarol campeón, armar la bataola que recorrió el mundo e ir en cana.
Yo estaba en casa y no lo podía creer, todos los jugadores se empujaban a la espera de que saltara alguien a meter la primera para tener la excusa de pelear, y cuando todos esperaban que uno de esos jugadores tan delicados que tenía Peñarol lo hiciera (De Souza, Césaro, etc), como una exhalación pasa Julio por atrás de la montonera (dicen que Usain Bolt mira este video para inspirarse en sus carreras) meté la tan popular “garronera” en la nuca al porteño baboso (Islas) que tenía Nacional y se sitúa atrás de la banda de jugadores manyas para pegar con un par de cuerpos adelante.
Todo venía bien hasta que el Chengue usó la gran técnica “Ventilador” (según la RAE: “mover los brazos en forma de aspas e iniciar una caminata a gran velocidad llevándose todo lo que tiene adelante puesto”) y ahí Julito no aguantó y lo vimos tomar la delantera al mejor estilo guerrero romano haciéndole honor a su nombre y enfrentarse al coloso de 2M.
Se ve que en las horas que Ribas pasó detenido pensó en todo lo que hizo y se reivindicó en la cárcel pidiendo para entrenar a todos los jugadores presos sin importar su casaca.
La primer era de Peñarol en Ribas terminó el año siguiente pero se quedó en el fútbol local un tiempo más (Liverpool y Juventud) antes de dar el gran salto a la selección de Omán.
La estadía del “Gladiador” en tierras árabes estuvo plagada de anécdotas pero se ve que los árabes estos no son fáciles de motivar y echaron a Julito después de tres partidos cuando vieron que meter a una selección sin historia futbolística en una Copa del Mundo no era tan fácil como pensaban. Su etapa como seleccionador de Omán desató un importante debate en uno de los programas más populares del deporte uruguayo, “La Hora de los Deportes”, donde llegaron a comparar al Emirato con un alfajor de pollo (por su inexistencia).
Mientras Julio cobraba en euros – unos cuantos – los servicios prestados a la selección del golfo, Saralegui perdía el clásico de la Copa Bimbo y renunciaba al instante.
Julio tenía todo arreglado con Bella Vista para tratar de ganar otra liguilla pero Damiani fue corriendo a buscarlo (cabe destacar que ya estaba en Uruguay, porque ir corriendo a la península arábiga es medio jodido) y Julio firmó por tres años para encabezar un proyecto “enfocado a las formativas con refuerzos en puestos clave solamente para usar de titulares” (todavía me estoy preguntando porque trajeron a Hamilton Pereira si la idea es traer solo titulares),
Yo estaba de acuerdo con darle una segunda oportunidad a Julio, y creía que esta podía llegar siempre y cuando Saralegui no lograra entrar en la Libertadores, pero Mario es uno de mis DT´s favoritos del medio (sino mi favorito) y su salida de Peñarol no me gustó para nada, más aún cuando dijo que “Damiani estaba obsesionado con Ribas” y uno piensa que por esto Saralegui creyó necesario dar un paso al costado.
La expectativa era mucha en la vuelta a la lucha por el continente y Julito se encargó de destruirla – junto con Cavallero y un par más – a los dos partidos de arrancar.
El clausura no fue mucho mejor y habiendo agarrado un equipo clasificado a la pre-libertadores y en posición de liguilla a siete puntos de la anual, nos dejó séptimos llorando por tres puntos en los tribunales de la AUF.
Y esto no es pasado como muchas de mis notas, esto es algo que está pasando hoy, estamos a días del debut y todos los hinchas de Peñarol se preguntan donde están los refuerzos y donde está el buen fútbol que necesitamos para ganar, y es acá cuando yo tiro una pregunta sobre la mesa: IASA cuando entró a la Conmebol, ¿que estrellas tenía?, ¿jugaba lindo?. Y no es una pregunta retórica, no se si jugaba lindo o que nombres tenía, pero me parece que la metodología de Ribas es otra.
Hay técnicos que de verdad necesitan jugadores para mostrar su fútbol (Carrasco es el claro ejemplo de esto), otros apuntan a una formación que los ajuste a su plan de trabajo desde chicos (Wénger, Ferguson) y otros son unos monstruos que te hacen jugar cualquier cuadro (Hiddink, Mourinho).
Ribas no entra en ninguna de estas categorías, Ribas es el Gladiador, es el Julio César del fútbol. Ribas es un DT desde el momento en que elige que once jugadores entran a la cancha, pero su metodología no es la de pasarse horas con un pizarrón y otras tantas mirando videos de los rivales. Ribas apunta a lo físico, y es un gran motivador, el mejor motivador que vi en mi vida. Y es gracias a la entrevista de Bla, que estoy tranquilo y confiadísimo en que Ribas va a sacar a Peñarol campeón, y capaz que no solo del Uruguayo. Hasta hace unos días me desesperaba viendo que los pases no llegaban y mirando de reojo la plantilla de Nacional. Me preocupaba y me preparaba para otro año de ostracismo total en cuanto a títulos, pero la previamente mencionada entrevista me abrió la cabeza y me mostró que capaz estaba mirando mal, estaba mirando para el lado equivocado.
Julio se levanta a las seis de la mañana y grita “Estoy en guerra” y se tira a la piscina en pleno invierno, si, y metió a un cuadro de la B en la Copa Conmebol. Julio le cambió el apodo de Bajter de “Pipi” a “Pitón”, y agarró a Bella Vista y lo sacó campeón de la liguilla (lo mismo que hizo Acevedo con Cerro y hoy todos lo alaban).
Julio César no está loco, pero si así lo fuera, no lo veo mal, porque el cargo de DT de Peñarol requiere cierta locura que no todos están capacitados para aportar.
Y creo que no hay mejor frase para cerrar esta nota, que la del alemán Christoph Wieland: “Prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata.”



No hay comentarios:
Publicar un comentario